La cinta de color azul intenso

Por Teresa Canive

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Se adentraba en las profundidades cuando sintió una llamada desde la superficie. Era su propia voz, aquella que pronunciaba su nombre en mayúsculas. ¿Por qué tenía que ser en ese momento cuando más necesitaba ver la oscuridad? Sílabas que se repetían una y otra vez. Le hacían perder la paciencia. Sin embargo, ella se resistía a mirar hacia arriba, empujando su cuerpo hasta el fondo del abismo. 

No es una historia precisamente bella ni presumida. Es un cuento crudo que acerca todo aquello que escondemos. Sin saber por qué, ahí lo guardamos y cuánto más queremos escupirlo, más nos lo tragamos y más nos ahogamos. Alicia no sabía bien por qué a veces los humanos nos comportábamos de esa manera. Pero ella estaba tranquila, llevaba en su pelo una preciosa cinta de color azul intenso.

Con sus 7 años y sin alcanzar los 1,20 cm de estatura, miraba el mundo desde un prisma grueso, rayado y algo empañado. Cuando por fin consiguió identificar un agujero dentro de uno de los extremos del cristal, decidió que era hora de dar un paso hacia la superficie y mirar hacia el agua cristalina. Algo que sin duda, le produjo un gran resplandor dejándole ciega de inmediato durante al menos dos días enteros.

  • ¡Ajá! ¿Pues esto es todo lo que pasa aquí? “– se dijo cuando consiguió ver entre la claridad y añadió: 
  • “No puedo creer que haya arrastrado mi cuerpo y mi alma hasta un campo lleno de amapolas, flores, abejas, telarañas, calor y hojas secas.” 

Alicia despertaba así en una de las villas más hermosas que podría haber existido en la Tierra en ese preciso momento. Sin embargo, su intelecto y corta experiencia en el mundo subterráneo de la oscuridad, no le permitían ver más allá que unas cuantas plantas, enterradas en un puñado de arena y con tímidas raíces sobresalientes.

En ese instante, fue cuando oyó un susurro, algo que le hizo temer. Era un miedo desconocido, de esos que ves venir despacio, clavándote una mirada perenne que deja sordo cualquier aullido de auxilio. Se giró a ambos lados, miró hacia arriba, lo mismo hizo hacia abajo. ¿De dónde podía salir ése estruendo tan grave? 

Quiso espantar sus preciados sentimientos de terror, pues ella los consideraba una joya muy valiosa en su mundo de oscuridad. Los abrazaba igual que hace aquella vetusta anciana que se aferra a la vida después de haberla vivido eternamente. Sin un sentido esclarecedor, Alicia siguió con paso firme tomando una dirección desconocida que apenas le producía ni el menor pavor absoluto.

La brisa rozaba sus rizos dorados, un color que por primera vez pudo sentir en sus reflejos. Tenía un brillo atronador y así lo sentían amapolas, flores, abejas, telarañas, calor y hojas secas, tras rozarse con su contorno. Pero Alicia, no se daba cuenta del universo infinito, oscuro y lleno de vida que en su interior empezaba a brotar.

De pronto, ése sonido ensordecedor le hizo parar en seco. Esta vez provenía de mucho más cerca a ella que la primera ocasión. Alicia entonces, exclamó con ira y llena de cólera:

  • ¿¡Qué quieres de mí!? ¡Hazme frente, aquí te espero!

Ni ella misma se creía muy bien por qué había dicho semejante cosa a una criatura que ni siquiera sabía de dónde venía ni hacía dónde se dirigía. 

  • Bueno señorita, no se lo tome así. Porque mi voz no sea de su agrado, no significa que me tenga que gritar. Le oigo perfectamente. Estoy justo a su lado.

Pero, ¿cómo que a su lado? Alicia pensó si de verdad había recuperado la vista y fue entonces cuando se empezaría a dar cuenta de que aún permanecía en la ceguera más absoluta. Giró y giró. Olisqueó con la esperanza de confiar en el resto de sus sentidos. Palpó el pavimento, las hojas secas, el calor, las telarañas, las abejas, las flores y las amapolas. Nada, ahí no había nada.

Muerta de miedo, Alicia siguió su camino sin la menor intención de toparse con nadie al que no pudiera ver de frente, pero asimismo con la sensación de querer dejarse llevar por los destinos de aquel paraje tan extraño e intransigente.

Una Gota en Forma de Corazón cayó entonces del cielo sin hacer el mínimo ruido, sorprendiendo a nuestra brava exploradora. La gota era enorme, una piedra ligera, transparente y tremendamente vulnerable. Por un instante, Alicia quiso hacerla suya tomando en ella la posesión que ningún ser humano desearía. Sin embargo, era una gota, ¿qué importaba lo que deseara, pensara o incluso, significara?

La cogió muy despacio, en silencio, soplándole al oído sólo palabras de cariño, cuidado y protección. Se la guardó en su bolsa que cerró con cremallera. Prosiguió su marcha mientras silbaba una canción de un amor adulador.

Entonces un sexto sentido se introdujo en su amplio paladar. Era ésa sensación de notar, de oler, de palpar y de ver. Ahí estaba, por fin sabría dónde se encontraba la maldita voz tan grave que le atraía todos los males. Miró justo donde tenía que mirar, en el momento justo cuando tenía que hacerlo, y con un respingo hacia atrás dijo su voz interior:

  • Ajá, ¡así que ahí estabas! Un diminuto Punto y Coma como tú, no podía andar muy lejos.”

Justo en el empeine de su zapato, el diminuto Punto y Coma la miraba estupefacto pues podía saber exactamente lo que la voz interior de Alicia repetía una y otra vez, como un disco rayado, sin que ella lo notara.

  • ¿Ves?, te dije que me encontrarías.” – dijo el Punto y Coma.
  • ¿Qué me dijiste qué? Pues no te oí.” – respondió una Alicia que apenas podía distinguir aquella criatura de la diminuta mota que la acompañaba a su lado. – “La próxima vez, me limpiaré mejor mis zapatos, claro que en plena oscuridad poco podía hacer“,- se repitió la voz interior de la niña.
  • ¡Oye, te he oído!
  • “¿Pero cómo es posible? ¡No sólo te pegas a mis zapatos sino que espías mi mente!

Alicia empezaba a perder unos nervios a flor de piel. Y en efecto, ese intruso mental pegado en el zapato la iba a acompañar el largo trayecto hasta una arboleda rodeada de pinos, nogales y abetos en un día ventoso. 

Las hojas se azotaban unas con otras, produciendo un sonido agudo y muy diferente a lo que la niña conocía. Era como si le estuviesen advirtiendo de un peligro inminente, como si le cerraran el paso, como si quisieran sujetarle en contra de su voluntad. Cada paso que daba, Alicia se encontraba más cerca de lo que ella creía haber encontrado. Pero los zapatos le pesaban, y eso que el Punto y Coma no podía llegar ni a un 0,0001 gramo; el bolso le pasaba, y eso que la Gota en Forma de Corazón sólo podría pesar qué, 0,0001 gramos? Sin embargo, nuestra pequeña estaba dispuesta a avanzar hacia unas voces incapaces de edificar ningún muro a su alrededor.

La arboleda pronto se convertiría en un majestuoso bosque, lleno de madrigueras, telarañas, hojas secas, helechos, sombras, nidos y hormigas.

Al llegar a un remolino de aire, vió como se le desprendía su más valiosa cinta de color azul intenso.Volaba y volaba hasta que una de las ramas de un abeto la sujetó con fuerza. Se trataba del único árbol en todo el inmenso bosque incapaz de dejarse mecer por la fuerte ventisca. Alicia se sorprendió sin dejar de mirar su cinta azul y, decidida, fue a su busca. 

El Punto y Coma le advirtió del peligro que suponía subirse a un árbol que no se dejaba mecer por el viento más puro de las montañas. Pero la testarudez llega de sopetón sin haberla preguntado ni dado permiso a entrar. No necesita presentaciones, ella misma se lo cocinaba y se lo ventilaba. 

Cuando por fin pudo divisar la base del árbol, comenzó a trepar. Y sin soltar el bolso – pues siempre quería llevar consigo a su débil corazón atrapado, – vió como se despegaba del suelo mugriento y embarrado. 

Primero, pudo divisar todas las madrigueras de aquel sector del enorme bosque. Después, comprendió la magnitud de las ramas de los árboles más cercanos. Y después encontró algo que no se esperaba en absoluto. Cuando casi se disponía a llegar a la rama donde le esperaba su cinta de color azul intenso, Alicia se encontró con miles y miles de cintas de todos los colores más intensos que cualquier color del arcoíris, todas ellas pertenecientes a niñas con rizos rubios. 

  • “¡Ah, no puede ser! ¿Qué es eso? ¿Dónde están todas esas niñas? ¿Por qué han abandonado sus cintas de colores intensos?

Nadie respondía.

  • “Punto y Coma, ayúdame, mira lo que he encontrado. ¿Qué significa?

No halló respuesta. Entonces, Alicia, con un pie casi en el abismo, experimentó la necesidad más innecesaria de soltar su mano de una de las ramas del árbol inmovil para ver cómo se encontraba la gota que tenía guardada en su bolso, mientras trataba de preguntarle:

  • Gota con Forma de Corazón, ayúdame. ¿Qué son esas cintas? ¿Desapareceré yo también como esas niñas lo han hecho?

Estaba abriendo el bolso, cuando de repente un grito agudo, ahogado y muy oscuro se apoderó de su existencia. La Gota con Forma de Corazón se había evaporado,no quedaba rastro, así como lo había hecho el Punto y Coma, dejándola completamente sóla, desprotegida e incomprendida en la inmensidad del abismo. 

Ya se lo advirtió su diminuto amigo. ¿Por qué no le hizo caso? ¿Por qué no le escuchó? ¿Y qué sucedería ahora con ella? La incertidumbre dominó sus sentidos y apagó su conocimiento. No daba crédito, no podía pensar, no podía moverse y lo peor, no podía sentir nada.

Gracias a que su alma era pura y brillaba con luz propia, Alicia consiguió pensar, moverse y sentir, saliendo del pozo donde se encontraba. Tomó el último impulso que le quedaba y dejando caer el bolso al fondo embarrado, pudo alcanzar la rama sólida donde su cinta azul seguía brillando con la misma intensidad. Ahora, sus zapatos no sólo le dejaron de pesar, sino que parecían como si volaran, brindándole una fuerza superpoderosa que milímetro a milímetro la iba acercando a donde ella deseaba.

Los dedos de las manos comenzaron a extenderse, ayudados de unos brazos largos como las llanuras por las que había estado transitando hacía unas horas, donde amapolas, flores, abejas, telarañas, calor y hojas secas, la habían acompañado en cada paso. Ahora, podía percibir la belleza de una de las villas más hermosas que podría haber existido en la Tierra en ese preciso momento.

De repente, dejó de oír esos ruidos agudos producidos por las hojas de los árboles del enorme bosque. El tiempo se congeló en ese mismo instante y supo comprender por qué estaba en aquella brillante superficie. 

Cuando su mano tocó el azul intenso de su cinta de pelo, Alicia decidió no cogerla. Ya no le pertenecía, se le había quedado pequeña careciendo de su más mínimo interés. Pues sus sentidos ahora estaban puestos en otro universo paralelo. Alzó la vista, divisando las diminutas copas de los árboles del inmenso bosque y fue cuando Alicia vió exactamente por dónde debía seguir su camino. 

Ni el bolso, ni el Punto y Coma, ni la Gota con Forma de Corazón, ni la Cinta de Color Azul Intenso podrían haberlo comprendido. Ya no los necesitaba. Alicia había pasado a otra dimensión. Extendió sus brazos, sin miedo, segura de su nuevo universo, y el cuerpo se le elevó, dejando atrás ahora una armonía dulce y viva producida por un viento acaramelado y jugoso.

Giró su cabeza para escuchar cada nota de esa melodía angelical y grabó en su mente una de las imágenes más bonitas de toda su vida: los árboles se despedían de ella con sonrisas en forma de cintas de pelo de los colores más intensos pegadas a sus ramas.

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